Comiéndose el toto a una vecina caliente después del trabajo
198Comiéndose el toto a una vecina caliente después del trabajo
El sol ya se había escondido cuando Martín subió las escaleras del edificio con el cansancio pegado a los hombros. El día había sido largo, de esos que te dejan la mente en silencio y el cuerpo pidiendo descanso. Al llegar a su piso, escuchó una risa suave al otro lado del pasillo. Era Laura, la vecina del 3B, todavía con la ropa de oficina y el cabello recogido a medias, como si no hubiera tenido tiempo de quitarse el día de encima.
Se saludaron con esa complicidad que nace de verse a diario sin decir demasiado.
Laura comentó algo del calor, del tráfico, de cómo el trabajo la había dejado agotada. Martín asintió, y en ese gesto simple se cruzó una chispa que llevaba tiempo esperando. Ella lo invitó a pasar “solo un minuto”, dijo, para tomar algo frío y soltar la tensión.
El departamento olía a jabón y a café recién hecho. Hablaron de cosas pequeñas, pero la conversación iba cargada de silencios largos, de miradas que se sostenían un segundo más de lo normal. El cansancio se transformó en cercanía. Laura se quitó los zapatos y suspiró, como si por fin pudiera ser ella misma. Martín notó cómo la atmósfera cambiaba, cómo el aire se volvía denso y cómplice.
No hubo prisas. Se sentaron juntos, hombro con hombro, compartiendo el alivio de estar fuera del mundo por un rato.
Una mano buscó a la otra. Una risa nerviosa rompió el momento y, enseguida, el silencio volvió a envolverlos. La confianza creció sin palabras, como si ambos supieran exactamente lo que necesitaban después de un día tan pesado.
La noche avanzó y la cercanía se hizo más íntima, más sentida. Los gestos fueron suaves, las intenciones claras, sin necesidad de describirlas. Lo importante no fue el detalle, sino la conexión: dos adultos que se encontraron para olvidarse del reloj, para dejar que el deseo se mezclara con el descanso, para sentirse vivos otra vez.
Cuando Martín se fue, ya entrada la noche, el cansancio seguía ahí, pero distinto. Más ligero. Laura cerró la puerta con una sonrisa tranquila. A veces, pensaron ambos, el mejor final para un día duro es compartir el calor justo, en el lugar y el momento adecuados.















